MANUEL CHRISTOPH HORN

 Arte Contemporáneo, Cultura Visual

Lo épico-homeopático

 

abril, 14, 2013

ABRAMOVIC, Marina, The Artist is Present, 2010.

 

 

Posterior a la exposición en el MOMA The Artist is Present en 2010 y de la publicación del documental del mismo nombre, la artista Marina Abramovic probablemente haya logrado su objetivo: consolidar el performance dentro de las instituciones dominantes, pero ha tirado a la basura unos 50 años de intententos de diversos artistas de escaparse del mito heroico del artista.

Puesto que ella en su imaginario de auto-madonificación se dedica a reformular las herramientas del mínimal y de lo conceptual para crear una maquinaria de inducción de Síndrome de Stendhal, justificando la calculada manipulación de la pura presencia a lo zen, para ser celebrada como icono pop, formularemos una teoría del héroe en contraposición homeopática.

Siendo tema de nuevo lo épico rescatemos a sombras del pasado: en el libro de James Joyce Retrato de un artista adolescente el personaje principal, Stephen Dedalus, tiene un semi-monólogo sobre su super-teoría estética. Me aventuraría a decir que son las ideas de Joyce puestos en la boca de uno de sus personajes, ya que no hay conflicto estilístico entre lo que se dice y el como se dice. Aunque es difícil de decir que quería decir Joyce exactamente con estas ideas, son de la primera década del siglo XX, hay una parte que me ha llamado especialmente la atención: En tres escalones ascendentes ubica la lírica, la épica y la dramática como constelaciones concretas entre imagen, artista y público. [1] Estas serían:

 

Lírica: Relación Imagen-Artista.

Épica: Relación Artista-Público.

Dramática: Relación Imagen-Público.

Dentro de estas indicaciones Abramovic ocuparía el segundo escalón y lo haría con toda radicalidad. Ofrece como obra la relación más inmediata (a parte del coito) que se pueda tener con ella. Ocupa el lugar de la pieza como artista suplantando su sitio.

Pero es el tercer escalón el que nos interesa aquí. Porque permite en lugar de parasitar la mirada del otro, reinvertir esta para llamar la atención sobre un problema. Si nos fijamos estos últimos años han aparecido muchos artistas, que yo definiría como heroicos sin reparos (siempre que entendamos la palabra como ídolo y no como semidiós), pero cuya heroicidad funciona de una forma muy diferente. Primero de todo hacen algo para que se les atribuya este estatus, suelen trabajar en colectivos y sólo aparecen en la imagen si la imagen lo requiere. De esta forma podríamos decir que reciben el efecto inductor de heroicidad de las instituciones artísticas (como hacedores de reyes), lo canalizan a través de la obra y dan como resultado una imagen que alude a una realidad con la que han intervenido y en la que han designado a otros como heroicos. De esta forma crean una relación inmediata entre la imagen y el público, desapareciendo ellos de encima del escenario para dar paso a representaciones que aluden al público mismo. Es decir reinvierten su heroicidad para que esta tenga más alcance y se convierta en un sistema circulatorio. Momento en el que el artista desaparece y solamente queda una escena que alude a lo real mediante la identificación empática.

Viendo comportamientos dramáticos generosos, me atrevo a afirmar que la épica egocéntrica del escaparatismo debería de estar considerada como superada, contraponiéndole a esta el drama como otra relación con lo heroico que se opone de forma homeopática. De otra forma el camino es volver a antes de Andy Warhol en su escaparate, ya que a diferencia de Abramovic este conocía la ironía.

 

[1] JOYCE, James, Retrato del artsta adolescente, Madrid, Alianza Editorial, 1989, p.241.