MANUEL CHRISTOPH HORN

 Arte Contemporáneo, Cultura Visual

La necesidad social de disciplinar la mirada

 

abril, 08, 2013

 

 

 

Reflexiones sobre la teoría cultural neoliberal

 

Hay una cierta desconexión de nuestro momento cultural en responder con rechazo ante un determinado telón de fondo. Solamente se responde ante una serie de síntomas, mientras que ignoramos la teoría que está en sus orígenes. Hay oposición frente al mercado del arte global, el elitismo de lo contemporáneo, los recortes en lo público, el enriquecimiento de unos pocos y el empobrecimiento de muchos y a menudo se ignora que estos hechos aparentemente desvinculados forman parte de una agenda que los une. Todos ellos se corresponden al ideario neoconservador.

Como metonimia me gustaría reflexionar sobre las ideas de un autor de dicho imaginario: Daniel Bell. Escritor de interés para el contexto cultural y artístico, al identificarlo como origen de la decadencia de lo burgués. En Las contradicciones culturales del capitalismo, el autor analiza los momentos contraculturales de los 60 para definir una situación como posmoderna. Si bien él ve en su diagnóstico un análisis pesimista, yo le daría el enfoque de guía.

 

Bell identifica el orden posmoderno con la emancipación de lo estético, que en su nueva condición genera tensión respecto lo político. Si bien esta teoría crítica de la estética ya existe desde las primeras vanguardias, no será hasta los movimientos contraculturales de los 60 que irá abarcando un consenso social cada vez más mayoritario. Según Bell a esta cultura antiburguesa no se le opone ningún movimiento cultural que corresponda a sus ideales neoconservadores, de ahí que los valores burgueses queden relegados a legitimarse exclusivamente en el ámbito de la política. El efecto de esta circunstancia genera una disyunción entre orientaciones de valor (cultura) y necesidades funcionales (política), describiendo ésta a través de la imagen de una tijera. El autor responsabiliza a los distribuidores culturales, no a los productores, con esta situación para él indeseable.

 

Si bien el panorama descrito por Bell parece lógico, los años 80 parecen mostrar otra historia. Aunque pueda parecer de lo más coherente que una ideología de compra-venta a precios inaccesibles genere poco arraigo social, la historia de los entendidos muestra sus grandes éxitos por inducción de efecto Vogue. Las obras de Basquiat, Kiefer y Barceló reavivan el mercado del arte hasta límites insospechados en un mundo ya completamente global, mientras son celebrados en la nueva superlativa del star system. Aunque también se escuchan voces comprometidas en cuanto a producción cultural, el concepto de arte crítico parece haber sido abducido por la tercera vía. Ésta, protagonizada por personajes como Koons y Hirst, parece estar más cómoda con un cinismo exhibicionista del mercado, que con proposiciones constructivas para cambiar la situación. Igual el cambio del status quo es indeseable para ellos, siendo el mercado la fuente de su riqueza. Si realmente fue la intención de los integrantes de la tercera vía inducir algún cambio en el sistema, es evidente que no ha tenido éxito.

 

Mientras que Bell en los 70 responsabiliza a los distribuidores del arte de un giro hacia la izquiera, vemos como de los 80 en adelante acturán como inductores del efecto Vogue, siempre a la espera de otra superestrella que domine el firmamento. Así es como la inversión en la cultura de base se vuelve escasez. Durante los 90 la búsqueda de una nueva relación con el público será etiquetada como arte relacional, cuya forma más pura será restringida al espacio expositivo, lugar en el que ocurren las cosas que para la vida cotidiana carecen de importancia.

 

Reencauzando los moviemientos diveregentes a una variante doméstica e institucionalizada, llegamos a la crisis económica mundial que estalla el año 2008. Las prestaciones sociales del estado han sido recortadas en nombre de la funcionalidad económica y el arte parece estar fallando en su tarea de abrir la tijera para alejarse de estas orientaciones de valor proponieno otras. Aún así, parece que potencialmente pueda ser el lugar para proponerlas. El manual de instrucciones está escrito en la teoría neoconservadora al exhibir lo que teme. Mientras que lo neoconservador duda de su capacidad de generar arraigo social, el arte tiene que aprender a mediar para suplir y apropiarse de este lugar. La erosión de un arte que aprende a diluirse en cultura resiste ante los efectos de la época neoconservadora que estamos viviendo, siendo guía donde otros ven amenaza de ingobernabilidad.